24 nov 2010

JUSTICIA

S
er justo significa respetar los derechos de los individuos y dar a cada uno lo que le corresponde. Una persona justa nunca comete excesos con quienes la rodean ni saca provecho de las desventajas de los demás; es equitativa y tiene la capacidad de tomar decisiones ecuánimes. Debemos ser justos no sólo con quienes nos rodean sino también con nosotros mismos, lo que quiere decir que siempre debemos pensar en nuestro bienestar así como el de los demás.

Una sociedad justa es aquella que respeta los derechos de sus ciudadanos, que tiene en cuenta sus necesidades y los protege a todos por igual. Cuando existe justicia social, todos los individuos tienen la mismas oportunidades; tienen acceso al trabajo, a la educación, a la asistencia en salud, ala vivienda, a la alimentación y a la recreación, entre otros.

Hacer justicia implica también recompensar o castigar. Recompensar las buenas acciones que implican beneficios individuales o colectivos y castigar aquellas que atentan contra la integridad y la tranquilidad de las personas o de la comunidad. Una persona justa es aquella que practica y conoce a fondo la honestidad, la lealtad, la tolerancia, la gratitud y la compasión.

No puede haber justicia donde existen la desigualdad, la arbitrariedad, la tiranía, la ingratitud, la deshonestidad y el egoísmo.



17 nov 2010

TRABAJO

Cuando adelantamos nuestros quehaceres en la casa, el trabajo o la escuela con alegría y entregando lo mejor de nosotros mismos, el resultado siempre será alentador. Si amamos nuestro trabajo, cualquiera que éste sea, y lo hacemos con entusiasmos pues consideramos que es importante y valioso, nos resultará mucho más fácil e incluso agradable. No sólo el descanso y las diversiones producen placer, también la satisfacción de la tarea bien realizada y del esfuerzo justificado.

El trabajo no es enemigo de la diversión, del descanso o de los sueños merecidos y reparadores. Su enemigo es la pereza que nos impide aprovechar nuestro talento para obtener al máximo provecho de todo lo que hacemos.

Las hormigas son ejemplo clásico de laboriosidad por su organización, su colaboración mutua y su dedicación al trabajo sin ahorrarse el más mínimo esfuerzo.

“El trabajo no es deshonra” si lo hacemos con amor. Lo que nos puede deshonrar no es la clase de trabajo que realizamos sino nuestra actitud hacia él; si trabajamos en buena disposición, lo dignificamos, de lo contrario, lo hacemos parecer indigno o insignificante.

La holgazanería, la irresponsabilidad y el descuido no son buenos compañeros de trabajo.


LA GENEROSIDAD

L

a generosidad es una virtud propia de las personas de corazón noble. Somos generosos cuando pensamos en las necesidades de los demás y estamos dispuestos a dar de nosotros cuanto sea necesario para contribuir a su bienestar.

Las personas conocen el significado del verbo “dar” en todas sus dimensiones. No sólo dan dinero u objetos; también dan felicidad, amor, compañía, ayuda, tranquiloidad. No pasa un solo día de sus vidas  en que no conjuguen este verbo. También saben compartir, y así como disfrutan dando, son felices compartiendo.

Cuando somos generosos, damos o compartimos desinteresadamente, sin esperar nada a cambio aparte de la satisfacción y el bienestar del otro. Pero la generosidad tiene sus límites: no debemos permitir los abusos de aquellos que la confunden con la estupidez. La generosidad también tiene una medida, luego no es sinónimo de despilfarro. No somos más generosos cuando malgastamos, o cuando sobrepasamos los límites de lo necesario y lo justo. Las personas egoístas, mezquinas, avaras y desconsideradas no conocen la alegría de compartir ni la satisfacción de dar, por eso son solitarias y llevan una vida sombría y aburrida.