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a autodisciplina nos permite llevar una vida independiente. Si la practicamos, no necesitamos del control permanente de nuestros padres, profesores cualquier otra persona adulta, pues somos de alguna manera nuestros propios educadores. Tampoco necesitamos del castigo porque actuamos con responsabilidad. Cuando somos autodisciplinados, tenemos la capacidad de controlar nuestros arrebatos e impulsos y medir las consecuencias de nuestros actos; ordenamos nuestra cabeza y nuestros pensamientos, lo que nos permite actuar con lucidez y cordura.
Cuando nos fijamos metas y luchamos hasta alcanzarlas sin escatimar esfuerzos ni sacrificios, podemos decir que somos autodisciplinados.
La responsabilidad es muestra de autodisciplina. Las personas responsables asumen las consecuencias de sus actuaciones, ya sean buenas o malas, y no se dejan llevar por arrebatos que las pueden alejar del fin que persiguen; siempre cumplen con sus compromisos por encima de todo y son absolutamente dignas de confianza.
Damos muestras de autodisciplina cuando somos capaces de renunciar a algo que nos ofrece una satisfacción inmediata y nos decidimos por una opción quizás menos placentera o agradable del momento, pero que nos traerá un gran bienestar en el futuro. La autodisciplina nos enseña a mirar hacia delante y a no desperdiciar el tiempo presente, que es muy valioso y hay que emplearlo bien.
La pereza, el facilismo, la desobediencia, la codicia, la imprudencia, los excesos, los vicios y la desmesura son muestras de falta de autodisciplina.

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